Isabel Zuleta sería un buen caso de estudio para las ciencias que estudian el comportamiento: era muda cuando el gobierno llegaba nueve días después a enfrentar una tragedia, pero ahora es una parlanchina cuando de cuestionar al nuevo gobierno se trata. Ella, que usurpó funciones y daba órdenes al Ejército y a la Policía para proteger a bandidos, hoy grita histérica por la coordinación de la primera dama en la atención de la catástrofe ocasionada por el terremoto. Zuleta no es incoherente: es canalla.