En un mundo acelerado que normaliza el agotamiento y la prisa, es fácil descuidar lo que ocurre en nuestro interior. Cargar con resentimientos, preocupaciones no resueltas o angustia constante no solo drena el ánimo; literalmente agota la vitalidad del cuerpo. Cuidar tu alegría no es evadir la realidad ni ser ingenuo: es un acto consciente de fe, autocuidado y resistencia. Elegir la gratitud, buscar la paz en lo cotidiano y rodearte de aquello que nutre tu espíritu es, sin duda, la prescripción médica más sabia que puedes tomar hoy.