“La maldición de Venezuela fue Bolívar.” Eso decía mi papá, un italiano mecánico, y a mí me daba una rabia tremenda. Me habían enseñado que Bolívar era casi un santo.
Mi padre se murió sin explicármelo. Me tocó sacar la cuenta solo: una guerra que se llevó casi un cuarto de la gente, un país quebrado y partido en pedazos, y doscientos años de caudillos vestidos de Bolívar. Y no fue solo Venezuela.
Tardé toda una vida, pero por fin lo entiendo.