La peste del insomnio llegó a Macondo con Visitación.
Visitación era una india guajira que vivía con la familia Buendía como sirviente. Vino con su hermano Cataure huyendo de una enfermedad que había diezmado a su tribu: una enfermedad que impedía dormir. No una noche, no una semana — para siempre. Los que la contraían dejaban de necesitar el sueño y dejaban de poder tenerlo, y en ese estado de vigilia perpetua comenzaban a perder la memoria.
La enfermedad entró a la casa de los Buendía a través de Rebeca — una niña que llegó un día cargando un costal de huesos que resultaron ser los restos de sus padres, sin que nadie supiera exactamente de dónde había venido ni quién la había enviado. Rebeca comía tierra y cal de las paredes, tenía el hábito de succionar el dedo y los ojos de animal asustado que los Buendía interpretaron como señales de un trauma profundo. La adoptaron. Y junto con ella adoptaron la enfermedad que cargaba.
Al principio el insomnio parecía un don.
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