La noche tiñe de gris mi ciudad,
un eco frío de tu voz se va.
Dibujo un nombre sobre el cristal,
mientras el tiempo se niega a pasar.
Las ramas secas se quiebran al sol,
fantasma tenue de nuestro amor.
Cierro los ojos y puedo escuchar,
tu risa lejana que no ha de tornar.
Y espero que el sol quiera renacer,
romper las nubes que me hacen arder.
Pero la lluvia no cesa al caer,
cenizas del ayer.
Las calles vacías no tienen final,
río sin cauce, desierto de sal.
Camino el sendero que un día fue flor,
hoy solo espinas, solo dolor.
Y si las estrellas te pudieran llamar,
¿seguirían brillando en la inmensidad?
O se apagarían sin más claridad,
dejándome a oscuras, sin mi mitad.
Y espero que el sol quiera renacer,
romper las nubes que me hacen arder.
Pero la lluvia no cesa al caer...
estas cenizas del ayer.