Cuestiones religiosas, de Cicerón
Libro I, 117
¿Qué razón hay entonces para que veneremos a los dioses en
virtud de la admiración que debería despertar en nosotros su
presunta naturaleza en la cual no conseguimos percibir nada de
extraordinario?
En efecto, es fácil liberarse –y nos enorgullecemos de ello– del
temor supersticioso, una vez que suprimimos el poder divino; […]
Las opiniones de todos estos (filósofos) no se limitan a eliminar
la superstición que conlleva un inconsistente temor de los dioses,
sino también la religión, que consiste en una pía devoción hacia la
divinidad.
Libro III, 94
[…] Mi discusión contigo tiene que ver con la defensa de los valores más profundos de la religión y de la familia, de los templos y de
los santuarios de los dioses y de las murallas de la ciudad que vosotros, los pontífices, consideráis sagrados; por lo que os dedicáis
con mayor interés en defender la ciudad con el sentimiento religioso que con fortificaciones. Son valores que yo tendré mientras
viva, y considero impío renunciar a ellos.